NUESTRA HISTORIA

Esta historia comienza en el siglo pasado, el siglo XX.
Giorgio ya tenía una pasión loca por su Vespa primera serie, de los años 50s, cuando todavía no tenía ni 15 años. Era ya todo un clásico en los 90s.

La desmontaba y la volvía a montar pieza a pieza como para intimar con ella en todos sus particulares.

La valoraba por encima de cualquier modelo moderno de sus amigos, “faceva il tifo per lei”, como se dice en italiano.

Le parecía ser Enrico Piaggio cuando vió por primera vez esta creación en su fábrica y se enamoró de ella diciendo: “Mi piace, sembra una vespa!”.

Y, sin pretenderlo, la bautizó con el nombre más emblemático de las motos que existe.
Pero seguimos con la historia.

Giorgio se dejaba las horas con la Vespa. ¿Sabes cuando pierdes la noción del tiempo y no existe nada en el mundo que te guste más?

Sí, también te ha pasado con tu clásico, seguro.

Es una afición apasionante.

Pues Giorgio, con su buen amigo Andrea Tavelli, disfrutaban de los Morgan de chasis de madera de la familia Tavelli. Giorgio y Andrea disfrutaban como niños. Confiesa Giorgio que soñaba con casarse un día y sacar a lucir de blanco a su bella esposa en el Morgan descapotable, un Morgan amarillo que le encantaba.

Eso pasaba en Italia, cuna del motor, del diseño más bello nunca visto en automóviles, de la pasión por los coches y las motos.

Mientras tanto en España una muchacha, Cris, llegaba a la mayoría de edad y conseguía ese carnet de conducir tan deseado.

Pero ningún coche del mercado era tan atractivo como los clásicos bellos de su familia: un Fiat Balilla, un Cadillac y un estupendo Hispano Suiza.

Sólo le gustaban los clásicos de cine con los que ella soñaba:

 

El Jaguar XK 120 que enamoró a Clark Gable,

 

el Austin Healey de Clint Eastwood

 

el Jaguar XK120 de Liz Taylor

 

El Jaguar e-type de Audrey Hepburn,…

Cris soñaba despierta con pasear un día con su amado en estos clásicos de cine que adoraba tanto o más que a esos elegantes y sofisticados actores.
Un día, no lejos de la ciudad del amor, París, conoció a quien iba a ser su marido para siempre: Giorgio.

Se enamoró enseguida, aun sin saber que acabaría casándose y paseando al sol en un Morgan descapotable como el de sus películas de cine.

Fue flechazo a primera vista, también con los coches clásicos, y nunca hemos perdido aquella pasión y aquella emoción que nos acompañó el día más importante de nuestras vidas.
Desde aquel momento, junto con Andrea, hemos cuidado los Morgan y otros clásicos de la colección familiar y de nuestros amigos.

Así que la vocación de vestirlos surgió como una bella manera de ofrecer lo que sabíamos hacer mejor al servicio de nuestros amigos, para ayudarles aportando belleza y gusto a sus coches clásicos y deportivos, históricos y también actuales.

Pero sobretodo, aportando cariño a sus vidas.
Esta historia continúa hoy con vosotros, contigo, así que te tenemos un agradecimiento profundo por tu confianza y tu amistad, que hace preciosa nuestra misión de vestir y preservar la belleza del coche clásico en este mundo para siempre.
¡Gracias!